Ella
Después de haber dicho que jamás hablaría de mí, de cosas sobre mi vida o relacionadas conmigo me veo obligado a hablar.
Porque tener lo más grande que ha existido nunca a tu lado, olvidarte de ello y de un día para otro hacer que eso tan grande se sienta pequeño, la verdad, no tiene perdón.
Pero ella perdona. Perdona y pide perdón. Porque ella es buena, todo lo hace con su buena intención, con esa sonrisa perfecta que sólo expresa bondad y amabilidad. Una persona tan dulce que nunca se te pasaría por la cabeza que pudiese llegar a hacer daño a algo o a alguien. Y si algún día lo hace, es totalmente sin querer, pero aún así lo siente y se pone tan mal como si lo hubiera hecho a propósito.
Cuando llegas, unos ojos iluminados te transmiten su alegría al verte. Su sonrisa te muestra la felicidad que siente porque estás a su lado. Se siente querida. Única. Afortunada.
Luego viene el abrazo, y es en ese momento en el que te transmite todo su ser, todo su amor te envuelve. Sientes que eres otra persona. Eres feliz. Te has fusionado con ella. Sois uno.
Por eso es perfecta, aunque ella diga lo contrario. Talento, inteligencia y belleza por un lado. Amor y bondad por el otro.
Un sueño imposible hecho realidad.
Estrés. Agobio. Cansancio. Agotamiento. Nerviosismo.
Me olvido de lo importante, me olvido de ti.
Y todo me molesta, todo me parece mal, te desprecio…
De aquellos ojos tiernos y preciosos comienza a descender todo el dolor que te estoy haciendo sentir. Sin motivo. Porque soy un ser despreciable que merecía estar muerto. Ese ser al que tú perdonas y ahí se ve quién de verdad es persona.
Llevo unos meses comportándome fatal contigo. No te mereces esto. Y por primera vez te pido perdón y lo hago en público, para demostrarte que cambiaré y seré todo aquello que dejé de ser.
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Árbitro
El típico árbitro de los “zappings”.
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